JRS Europa: Serias preocupaciones en la Frontera Sur

En el último informe del Observatorio de Derechos Humanos de las fronteras exteriores de Europa, realizado por el SJM, se informa de serias violaciones de Derecho Internacional en las fronteras entre España y Marruecos, según denuncia el Jesuit Refugee Service (Servicio Jesuita a Refugiados) de Europa (JRS Europa).

En el Mediterráneo Europeo, los movimientos migratorios de África y Oriente Medio suponen una cuestión de números: el número de personas forzadas a arriesgar sus vidas en el mar se ha reducido desde 2016, pero por desgracia aún supone una de las pocas vías para buscar asilo y protección en Europa, por lo que muchas personas continúan tomando el riesgo. Según datos de ACNUR del 12 de septiembre de 2017, más de 129.000 personas han llegado por mar en este año; y las muertes ya son 2.428.

España ha recibido relativamente pocas de esas llegadas, al menos comparado con Grecia e Italia, pero desde el mes de mayo el número ha aumentado. Según ACNUR 15.308 personas habían llegado a España a través de la frontera sur entre el 1 de enero y el 31 de agosto (10.886 por mar y 4.422 por tierra). Las cifras ya superan a las de todo 2016 (8.162 por mar y 5.932 por tierra). La mayoría han llegado a las costas del sur de la península (9.760), otros a los enclaves de Ceuta (1.790) y Melilla (2.986) desde Marruecos. Muchos de ellos también han llegado a las islas Baleares (639) o Canarias (133).

La llegada a Ceuta y Melilla es solo el último paso en un largo y peligroso viaje que empieza en países como Gambia, Costa de Marfil, Nigeria o Guinea. Las organizaciones defensoras de Derechos Humanos han documentado un largo catálogo de abusos que las personas migrantes han sufrido en ambos enclaves de la frontera sur de España, desde detenciones sistemáticas a obstáculos para solicitar asilo, así como la negación de derechos fundamentales a menores no acompañados y adolescentes.

¿Por qué no se rescataron a siete mujeres ahogadas en el mar?

La migración en el lado occidental del Mediterráneo no solo es cuestión de números, sino también de vida o muerte. El 31 de agosto, algunas de estas personas migrantes perdieron la vida en un trágico incidente en el mar cerca de los acantilados de Aguadú, en el norte de Melilla, en la frontera hispano-marroquí. Un barco con 40 o 45 personas salió de Nador, ciudad costera unos 15 km. al sur de Melilla, y fue rápidamente interceptado por una embarcación de la Guardia Civil española a solo 300 metros de la costa.

Según el testimonio de las personas migrantes, obtenido por el SJM en Marruecos, en lugar de efectuar labores de rescate a los pasajeros del barco, los agentes de la Guardia Civil se quedaron parados hasta que un navío de la Marina Real Marroquí llegó y remolcó la embarcación hasta la costa marroquí.

Varias personas saltaron del barco para alcanzar a nado la costa de Melilla. Algunos fueron rescatados por la Guardia Civil, pero otros cuantos fueron menos afortunados: la embarcación volcó cuando estaba siendo remolcada y siete mujeres murieron ahogadas. Los supervivientes fueron rescatados y posteriormente deportados en el sur de Marruecos.

Para Josep Buades Fuster SJ, especializado en operaciones de Frontera Sur de SJM, hay muchas preguntas sin responder. ¿Vio la Guardia Civil el barco volcado, y aún así, no intervinieron en el rescate? ¿Por qué las autoridades de gobierno de Melilla omitieron las muertes de las mujeres en su comunicado público sobre el incidente?

Bloqueando el acceso al procedimiento de asilo

Younes es un joven ciudadano marroquí que se sintió atraído por el Evangelio Cristiano en 2016. Veía vídeos en YouTube, e incluso se unió a una asociación cristiana marroquí. Finalmente decidió convertirse.

Sin embargo, su decisión no pasó inadvertida entre otros ciudadanos de su comunidad. Durante el Ramadán, se convirtió en blanco del acoso y las amenazas, hasta tal punto de ser una situación insoportable, por lo que decidió huir a un país donde pudiera crecer con su Cristianismo con seguridad y libertad. Eligió España.

Sin embargo, a España no le interesaba acoger a Younes. Tras llegar a Melilla, intentó solicitar asilo con las autoridades nacionales pero fue rechazado argumentando que procedía de Nador. Vivió en la calle varios días, sin conseguir solicitar protección hasta que SJM le ayudó finalmente.

"El caso de Younes no es puntual", dice Buades. "Hemos encontrado muchos casos de personas a las que se les ha negado la petición de asilo por parte de las autoridades españolas, no porque su caso no fuera digno de protección, sino porque tenían la nacionalidad equivocada".

En la península esta política afecta a ciudadanos a ciudadanos de Venezuela y Ucrania; en Melilla, a aquellos de Marruecos, Argelia y otros países subsaharianos, que cuentan con razones suficientes para el asilo: abuso y persecución por orientación sexual, por la conversión del Islam a otra religión o por motivos políticos.

Este rechazo arbitrario de las autoridades españolas al procedimiento de asilo se debe a que no quieren generar un "efecto llamada" a Melilla o a la península, lo que supone una clara violación del derecho fundamental de solicitar asilo. Las consecuencias son desastrosas para las personas migrantes: sin acceso al sistema de protección, sin acceso a recursos y servicios básicos como refugio o atención médica. "Es una política que deja a las personas en una absoluta vulnerabilidad", concluye Buades.